miércoles, 5 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
Como lo afirma enfáticamente uno de los representantes más destacados del
así llamado “comunitarismo de izquierda”, Michael Walzer, la educación es el
mejor recurso con el que cuentan los pueblos para hacer realidad la justicia
como equidad a la base de una sociedad bien concebida: “Si los maestros se
identifican con las disciplinas básicas necesarias para la actividad política
democrática, intentarán establecer un conocimiento compartido entre sus
alumnos y llevarlos hasta algo parecido a un mismo nivel. La finalidad no es
reprimir las diferencias sino más bien posponerlas, de modo que los niños
aprendan primero a ser ciudadanos –y trabajadores, gerentes, comerciantes y
profesionales después. Todos estudian las materias que un ciudadano debe
conocer. La escolaridad deja de ser el monopolio de unos cuantos, deja de
exigir automáticamente rango y cargo. Dado que no hay accesos privilegiados
a la ciudadanía, no hay modo de sacar más de ella, o de alcanzarla más
rápidamente, desempeñándose mejor en la escuela”
.
No creemos, pues, ser exagerados al afirmar que si no utilizamos la educación
para lo que se inventó, es decir, para formar ciudadanos, y si no los formamos
con base en principios y valores para la convivencia, nos hemos “rajado” en
educación y en pedagogía, así estemos diseñando ya estudios científicos en
educación. Es en esta perspectiva en la que adquiere toda su pertinencia la
investigación en valores, ética y democracia. Antes de intentar presentar el
“estado del arte” (3) en este ámbito de la investigación en educación, queremos
todavía detenernos en algunos aspectos que nos permitan caracterizar mejor la
problemática a partir de la filosofía moral, política y del derecho en el momento
actual
Guillermo Hoyos Vásquez
*
Profesor Universidad Nacional de Colombia
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